Posts By Javier Serrano

Oyatsu

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El lugar dista apenas cinco minutos de la prestigiosa Universidad de Kyoto, la segunda más antigua del país y la que se enorgullece de haber formado en sus aulas a casi una veintena de laureados con el premio Nobel. La estación de Demachiyanagi queda en el margen este del río Kamo, justo donde dos de sus brazos se unen en el canal que baja a la que quizás sea la zona más turística de la ciudad: la que encuentra a Kawaramachi en el margen izquierdo y a Gion en el derecho. Pero arriba, el delta que forman dichos brazos fluviales no tiene un caudal demasiado fuerte y en un día soleado es un marco perfecto para un improvisado picnic. No es un rincón muy transitado por turistas pero la existencia de la citada universidad y la femenina de Doshisha aportan al paisaje urbano un toque de juventud único en esta urbe. Justamente es ese ambiente universitario el responsable de la cautivadora oferta de cafés que esconde Demachiyanagi.

Precisamente desde uno de esos cafés me dirigía a tomar mi tren para volver a la estación de Kyoto cuando cerca del puente que une ambos márgenes del río Kamo vi a una muchacha que montaba felizmente en su bicicleta rosa, mano izquierda en el manillar y la derecha sosteniendo el bollito que iba mordisqueando. Justo en el momento en el que tomé la única fotografía de la escena un muchacho caminaba en dirección opuesta tomándose un café de esos que venden en las konbini. Era la hora de la merienda. En Japón se cena temprano, pero igualmente un estudiante necesita su tentempié, además la jornada de un aspirante al Nobel nunca termina a las seis de la tarde.

ISO: 100
Lente: EF 35mm F/2
Distancia focal: 35mm
Velocidad: 1/500s
Apertura: f/2

 

Viendo las plantas crecer…

Recuerdo un programa de televisión que me fascinaba cuando era niño, una serie documental sobre las plantas llamada “La aventura de las plantas” (L’Aventure des plantes). Me resultaba increíble ver aquellos vídeos en los que las plantas crecían en cuestión de segundos. Eran los primeros vídeos time lapse que veía en mi vida. La tecnología permite ahora que cualquiera pueda realizar algo similar usando la cámara de su teléfono móvil, de hecho los iPhone ya traen incorporada de serie la opción de grabar este tipo de vídeos. Jugar con el tiempo nunca fue tan fácil.

Siempre quise probar a hacer mis propios time lapse usando imágenes con cierta calidad, pero mi cámara réflex digital carece de temporizador programable para tomas múltiples, y la idea de estar quince o treinta minutos mirando el cronómetro y pulsando el disparador de cable no me convencía demasiado. Pero usando el software de Canon “EOS Utility 2”, un cable USB y un ordenador portátil, la cosa se hace más fácil. Se puede incluso usar la pantalla del ordenador como monitor en tiempo real y hasta enfocar desde el mismo terminal.

Bueno, aquí dejo unas pruebas que me han servido como primera toma de contacto con esta técnica. La verdad es que es un poco decepcionante el hecho de que 15 minutos de sesión, a un ritmo de diez disparos por minuto, se queden en apenas 7 segundos si al crear el vídeo usamos un ratio de 20 imágenes por segundo. La próxima vez doblaré el tiempo de las sesiones.

Time Lapse en el puerto de Kobe from Javi on Vimeo.

 

Un año a través de una lente

No son más que algunas de las fotografías que tomé a lo largo del pasado año. El único criterio que este pase de diapositivas sigue es el de las fechas de actualización de los ficheros originales, de modo que la consecución en los temas es a veces puramente accidental.

Espero que sea de vuestro agrado.

Mis mejores deseos para todos en este nuevo año.

 

Voyeur

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Hablaba sobre el mismo lugar en una entrada anterior a la que titulé “Tarde estival”. Hace unos días volví a pasar por allí, siempre lo hago si estoy por la zona de Higashiyama, paseo altamente recomendable. Cuando cae la noche, el edificio de la imagen ofrece al turista la ocasión de realizar una breve incursión dentro de la privacidad de los clientes de sus restaurantes e izakaya, un auténtico peep show a orillas del río Kamo, voyeurs y curiosos en general tienen (tenemos) allí su rincón.

ISO: 400
Lente: EF 35mm F/2
Distancia focal: 35mm
Velocidad: 1/60s
Apertura: f/2

 

Summer

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Tomando la autopista 162 desde Kyoto y a unos 30 km del centro de la ciudad hay un remoto pueblo cuyo nombre, Miyama, significa “Montaña hermosa”. Alrededor de dos centenares de casas rurales aún conservan los tradicionales tejados de paja que hacen del lugar uno de los rincones más hermosos del país. La comparación con Shirakawa es inevitable, y quizás las casas de Gifu sean más impactantes. Pero el valor paisajístico de Miyama no tiene nada que envidiarle a Shirakawa. El conjunto es realmente impresionante a pesar de sus reducidas dimensiones.

Tuve la suerte de visitar Miyama en pleno agosto, con el arrozal bien crecido, verde con las pinceladas de amarillo que les da el grano, con decenas de saltamontes revoloteando, y con la montaña teñida de un color aún más intenso, el de las coníferas. Ante tanto verdor parece como si uno se olvidara por un momento de las cifras que marca el mercurio. Quizás el rumor de las aguas del río que corre junto a este bello paraje también tenga que ver con ello.

No sé cómo será Miyama en otras estaciones, una cosa sí puedo decir: el verano de Miyama es el verano de Japón que uno siempre imaginó al leerlo.

 

Coexistencia

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El edificio de la imagen es un refugio, un centro de evacuación ubicado en la zona de Shukugawa, a veinte minutos en tren desde el centro de Kobe. El lugar es muy popular cuando florecen los cerca de mil cerezos que flanquean el río que baja desde el monte Rokko y que da nombre al sitio.

Tomé esta fotografía hace ahora un año. Me dirigí a Shukugawa con la esperanza de poder disfrutar del etéreo escenario del sakura, pero la primavera se suele tomar con mucha calma su llegada y lo cierto es que hacía un día bastante poco apacible, con oscuras nubes de un gris plomizo y viento. Casi no había nadie por la zona, y a los árboles aún les faltaban unos días para lucir su plena floración. Mientras paseaba me llamó la atención el sonido de una música que llegaba a mis oídos desde el citado refugio, de modo que me acerqué a ver qué se cocía por allí.

Había dos grupos de personas usando aquel espacio para practicar sus coreografías: por un lado bailarines y por otro lado luchadores (¿tal vez jūjutsu?), la modernidad enfrentada a la tradición, sin duda uno de los temas más manidos sobre Japón, razón por la cual considero necesario dotar a este tipo de instantáneas de un nivel aceptable en cuanto a la composición y la tonalidad. La línea de bailarines aquí aporta además un patrón interesante al estar sincronizados los movimientos de esas personas. ¿Qué os parece la imagen?

ISO: 160
Lente: EF35mm f/2
Velocidad: 1/500s
Apertura: f/3.5

 

Stereoscopic

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Hasta que llegaran a Kobe los B-29 americanos en marzo del 45, el distrito de Shinkaichi fue el núcleo del centro de Kobe. Un barrio de teatros, responsables de su gran popularidad entre los años 20 y los años 40, que durante la década de los 60 perdería su privilegiado estatus en beneficio del área de Sannomiya, al este de la ciudad.

En la actualidad Shinkaichi se debate entre el ímpetu de quienes tratan de devolverle el brillo que tuvo en otros tiempos como estandarte de la cultura en la zona y entre las sombras que proyecta el resplandor de los neones del vecino distrito rojo de Fukuhara.

En la calle principal de Shinkaichi hay una puerta llamada Big Man, una especie de torii pop que traza en su interior la silueta de un hombre con su sombrero. Simple pero con impacto. Se trata de la parte principal de una obra conjunta.

Dada la tridimensionalidad de Big Man y de los colores elegidos, el rojo y el azul, la obra me evoca un anaglifo, técnica muy vinculada al cine de los años 50 y que tuvo un revival en los 70 y los 80. De ahí mana en gran parte la nostalgia que me transmite personalmente el pasar por este sitio.

La silueta corresponde a un famoso personaje, sin duda uno de los más ilustres visitantes de la zona, el mismísimo Charles Chaplin. Shinkaichi fue el lugar donde el cine vio la luz en Japón.

ISO: 200
Lente: EF17-85mm f/4-5.6 IS USM
Distancia focal: 30mm
Velocidad: 1/160s
Apertura: f/4.5

 

The Fan

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Paseaba por uno de los barrios más emblemáticos de Tokyo cuando me llamó la atención la muchedumbre que se concentraba en las puertas de un establecimiento llamado “Mokubakan”. Actores del Taishū Engeki (大衆演劇), algo así como “teatro para las masas” (un género cuya finalidad es el entretenimiento de la gente común, sin tocar temas profundos ni lanzar mensajes políticos) se veían abordados por un grupo de aficionados, mujeres de mediana edad en su mayoría.

En un primer momento dirigí mi objetivo a los actores, puesto que su atuendo era de lo más pecualiar: llegué a ver a uno cuyo quimono llevaba el mismo estampado de los bolsos marrones de Louis Vuitton. Sus pelucas y el maquillaje tampoco tenían desperdicio.

En el lugar donde sus seguidoras iban depositando las flores que llevaban a sus ídolos como ofrendas pude ver a la chica de la imagen. La muchacha se percató de que mi objetivo apuntaba a ella y esbozó una pose que traté de agradecerle al editar la fotografía.

ISO: 100
Lente: EF17-85mm f/4-5.6 IS USM
Distancia focal: 85mm
Velocidad: 1/20s
Apertura: f/5.6

 

Quiromante

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Cerca de la renovada estación de Osaka aún quedan rincones que nos recuerdan que por esta urbe, a pesar de su empeño en maquillar sus vergüenzas, pululan personajes de un peculiar pelaje.

En el Japón de la segunda década del s.XXI, el mismo de los vagones de tren repletos de almas silenciadas y cabizbajas por el influjo de las pantallas de sus smartphones, los quiromantes y adivinadores en general cuentan con una fiel clientela.

La chica de la imagen, ataviada con un vestido color crema cuya firma seguramente estará al nivel de su bolso de Louis Vuitton y de sus zapatos a juego, se somete a la lectura de manos. Aparentemente una mujer en sus treinta y tantos, con cierta independencia económica, pero con inquietudes que trata de ahogar por medio del benévolo oráculo que un anciano dictará observando meticulosamente las líneas de sus manos. Todo por el módico precio de 500 yenes.

ISO: 160
Lente: EF35mm f/2
Velocidad: 1/250s
Apertura: f/2

 

Tarde estival

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En la orilla este del río Kamo a su paso por el centro de Kyoto, concretamente en el tramo comprendido entre Sanjo y Gion Shijo, hay una serie de restaurantes que durante el verano abren balcones donde los clientes pueden disfrutar de su cena ante un majestuoso escenario. Los precios distan de ser módicos, pero hablamos de Kyoto.

La imagen de esta entrada está tomada desde el puente de Shijo y muestra uno de los citados restaurantes. La foto es de pocos minutos antes de las seis de la tarde, pero los horarios de comidas en Japón no son los de España, a esa hora ya hay quien que se disponen a cenar. Además, la mayor parte de estos comensales son turistas, y muchos tendrán aún que emprender un viaje en tren de vuelta a casa tras el postre.

Las esterillas que separan un establecimiento del siguiente permiten vislumbrar la escena que tiene lugar en en interior: mesitas bajas sobre el tatami alrededor de algunas de las cuales la gente se sienta sobre almohadillas, bandejas de laca con juegos de palillos de madera, toallitas húmedas para tratar de sofocar el calor de agosto, botellas de cerveza, los primeros platos que ya van desfilando, camareras ataviadas con yukata que se arrodillan junto a los clientes para servirles… Aún queda tiempo para el ocaso, pero ya comienza la noche en Kyoto.

ISO: 125
Lente: EF17-85mm f/4-5.6 IS USM
Distancia focal: 41mm
Velocidad: 1/125s
Apertura: f/5